Publicado el 03/11/2025 por Lucas tino
No tengo grandes conclusiones. Sólo ganas de contar lo que me viene pasando estos meses. Le puse “redescubrimiento” porque me ayuda a entenderlo, pero podría llamarse de mil formas. No es un método ni un consejo. Es apenas una forma más amable de mirarme.
Me di cuenta de que venía corriendo mucho. Haciendo, resolviendo, apagando incendios. Y un día empecé a hacerme preguntas simples: ¿qué me hace bien de verdad?, ¿qué me saca energía?, ¿qué cosas sigo haciendo por costumbre? No me respondí en un rato. Fui probando. Un mate temprano en silencio. Caminar veinte minutos sin música. Apagar el celular en la merienda. Anotar lo que me preocupa para que no me dé vueltas en la cabeza. Ordenar un cajón y dejarlo respirar. Cosas mínimas, pero sostenidas.
También empecé a escuchar el cuerpo con más respeto. El sueño a veces se desacomoda, la paciencia no siempre acompaña, la energía sube y baja. Me sale exigirle que rinda como antes, y ahí me acuerdo de aflojar un poco. No es resignación: es aceptar el ritmo que hay y no enojarme tanto con eso.
Con los vínculos me pasa parecido. Me sostienen las conversaciones sin pose, las risas que no necesitan explicación, las personas que se alegran de verdad cuando a una le va bien. Y aprendí a decir “no llego”, “no puedo”, “no quiero” sin culpa. Todavía me cuesta. A veces lo digo tarde. Pero cuando lo digo a tiempo me quedo más tranquila, y aparece espacio para lo que sí quiero.
En casa el redescubrimiento se nota en detalles tontos. Una luz cálida a la tarde. Un libro que dejo a mano. Un mantel simple un martes. Ventanas abiertas aunque haga un poco de frío. No es para mostrar, es para habitar. Me di cuenta de que el orden afuera me ayuda a bajar el ruido de adentro. No siempre está todo prolijo, ni cerca. Pero cuando una esquina queda en calma, algo se acomoda en mí.
No quiero dar clases de nada. Lo único que puedo compartir es lo que voy probando. A veces funciona y a veces no. Hubo días en los que no cumplí ni una sola de estas pequeñas cosas y me enojé conmigo. Otros en los que salió fácil. Creo que el punto es la constancia amable: volver a intentarlo sin retarme tanto.
Si a vos también te está pasando algo de esto, te abrazo desde acá. Capaz te sirva elegir una cosa chica y sostenerla una semana. Dormir un rato mejor. Tomar más agua. Salir a caminar sin el teléfono. Llamar a una amiga. O simplemente quedarte en silencio cinco minutos. No cambia la vida de golpe, pero cambia el día. Y con eso, por ahora, me alcanza.
— Totó